4 OUT OF 5

Días de verano, días de césped, gafas de sol, bailes, riffs y nadie se libra de un buen colocón. Festivales, música, colas, calor humano, altavoces, amplis y cervezas a mano.
Atrapados en una jungla de gente impaciente, las emoción se palpa en el ambiente. La espera desespera, los monos que no llegan. Mientras tanto el backstage arde como una vela, se intuye que los artistas están a punto de romper todos los esquemas. Entre la multitud la bebida vuela, el pulso se acelera, los nervios, los silbidos... y sabemos que todo lo que pasa aquí, aquí se queda.
Las baquetas retumban contra las baterías en la primera canción, es el aviso de que empieza la función. Y sucede la magia, la voz de Turner no deja a nadie con indiferencia. Un viaje al espacio de  una hora y cuarto, orbitando alrededor de los acordes que están sonando. No existen los problemas cuando estás volando. Me quedaría a vivir para siempre en este momento, miles de desconocidos unidos recitando el concierto.
Nunca vives dos veces lo mismo, vuelve la ilusión de aquél niño, pero sabes que no repetirás aquél estribillo.

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